El período de adaptación en Educación Infantil

By Juan Carlos López - 13:06



En ocasiones, podemos preguntarnos por qué se realiza un período de adaptación en Educación Infantil al inicio del curso. Se pueden escuchar comentarios que hacen referencia a que en otras épocas, cuando los adultos éramos niños, esto no se hacía y no nos pasaba nada, hemos sobrevivido sin ningún trauma. También se puede hacer referencia, en este aspecto con cierta razón, a la dificultad que supone conciliar la vida familiar y laboral con este período de adaptación. Sin embargo, es necesario conocer qué es el período de adaptación, en qué se fundamenta y por qué se lleva a cabo en todos los centros escolares.

El periodo de adaptación es el tiempo que transcurre desde que el niño/-a llega por primera vez a la escuela hasta que ya se desenvuelve con normalidad dentro de ella.

Los niños, cuando se incorporan por primera vez al entorno escolar, se enfrentan a dos de los miedos más habituales en la primera infancia (puede ver la entrada sobre los miedos infantiles en este blog aquí), como son, la separación de los padres o las figuras principales de su cuidado, y el acercamiento a los desconocidos (profesoras y compañeros). Las técnicas de afrontamiento de los miedos que nos proporciona la Psicología y que tienen mayor sustento científico se basan en la exposición a las situaciones o estímulos temidos. Los miedos desaparecen cuando el niño se sitúa en la situación temida y comprueba por él mismo que realmente no sucede nada malo. Esta exposición puede hacerse de forma brusca y total desde el primer momento (a esto se le llama inundación), o hacerla de manera progresiva (lo que se llama desensibilización sistemática). El proceso que ocurre es que el niño pasa de reaccionar de forma muy intensa a los estímulos extraños y temidos (lo que se llama sensibilización) y, al comprobar que no le sucede nada malo y puede sentirse seguro, ir reaccionando de forma cada vez menos intensa hasta vivirlo con naturalidad (lo que se llama habituación). Por dicho motivo, los centros educativos, en Educación Infantil, tanto en el Primer Ciclo, como en el primer curso del Segundo Ciclo de Educación Infantil (3 años), realizan un período de adaptación.

Pero es que, además, dicho período de adaptación viene reflejado en la normativa educativa que regula la Educación Infantil, tanto a nivel nacional como autonómico. Dicha normativa es la siguiente:


1)      Legislación nacional. Ministerio de Educación:

  • ORDEN ECI/3960/2007, de 19 de diciembre, por la que se establece el currículo y se regula la ordenación de la educación infantil.

Artículo 13. Punto 3.

<<Los centros elaborarán el horario del periodo de adaptación cuando un niño se incorpore por primera vez a un centro de Educación infantil. En la planificación de este horario se tendrá en cuenta la situación inicial de cada niño y sus experiencias previas de escolarización>>.


2)      Legislación autonómica. Consejería de Educación:

  • Decreto 254/2008, de 1 de agosto, por el que se establece el currículo del Segundo Ciclo de la Educación Infantil en la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia.

Artículo 9. Punto 6.

<<Con objeto de facilitar la adecuada integración en la dinámica escolar, los centros programarán un periodo de adaptación para los niños que se incorporen por primera vez a este ciclo, en las condiciones que determine la Consejería competente en materia de educación>>.

  • Orden de 22 de septiembre de 2008, por la que se regulan, para la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia, la implantación, el desarrollo y la evaluación en el Segundo Ciclo de la Educación Infantil.

Artículo 7. Punto 5.

<<Los centros programarán un periodo de adaptación de los niños de tres años, dentro de su autonomía organizativa y pedagógica, de tal forma que facilite su integración positiva en la dinámica escolar siguiendo, al menos, los siguientes criterios: no podrá prolongarse más de dos semanas desde el inicio del periodo lectivo previsto en el calendario escolar, la adaptación de los alumnos debe ser progresiva y continuada a partir de su incorporación. Asimismo, durante dicho periodo la duración de la jornada escolar podrá flexibilizarse, previa información a las familias y compromiso por parte de las mismas. La planificación de este periodo se incluirá en el Proyecto educativo, en el apartado de organización general del centro>>.

  • Resolución de 29 de agosto de 2019, de la Secretaría General de la Consejería de Educación, por la que se dictan instrucciones del comienzo del curso 2019-2020, para los centros docentes que imparten Educación Infantil y Primaria.

Punto 4.1.

<<Los centros, dentro de su autonomía organizativa y pedagógica, programarán un periodo de adaptación para que el alumnado que se incorpore al primer curso del segundo ciclo de Educación Infantil lo haga de forma progresiva y continuada durante la primera semana de clase sin perjuicio del derecho de las familias a que sus hijos se incorporen desde el primer día de actividades lectivas>>.


Para que el período de adaptación transcurra sin dificultades (o con las menos posibles), que el niño o niña no sufra innecesariamente, y que el período no se alargue en exceso y se pueda enquistar en dificultades de mayor calado (ej.: trastorno de ansiedad por separación, fobia escolar,…), es muy importante la colaboración de las madres, padres, abuelas, abuelos y/o cuidadores. En muchas ocasiones, es la primera vez que el niño/-a se va a separar de sus padres o personas de confianza; pero también lo es para los adultos, generando inquietud, inseguridad, e incluso, sentimientos de culpabilidad, ocasionando la misma ansiedad o más en el adulto que en el niño/-a. Esto puede dar lugar a que se alargue el momento de la separación más de lo debido, que intentemos consolar al niño/-a volviendo a acercarnos, que entremos en una negociación sin fin para la que el niño aún no está preparado por edad y madurez, que le traslademos nuestro nerviosismo e inseguridad ante la situación de separarse, e incluso, que nos volvamos a casa con el niño en brazos con sensación de alivio (esto provoca lo que se llama refuerzo negativo: el niño llorando desconsoladamente ha conseguido volver con su madre/padre y se ha escapado de la situación. Ya sabe lo que tiene que hacer la próxima vez. Llorar los más fuerte posible). También hay que intentar que los momentos previos, desde que se le levanta, hasta que llegue a clase, no se vivan como algo desagradable, que pueda asociar el malestar con el hecho de ir al colegio. Es un proceso normal que hay que superar entre todos. Por el contrario, habrá casos en los que, desde un primer momento, el niño/-a se adapte sin problema alguno, como si estuviese yendo al colegio toda la vida, dejándonos sorprendidos o generándonos preguntas acerca del por qué (¡Míralo, pasa de mi!).


Es importante mantener una actitud abierta y receptiva, atendiendo a los distintos ritmos de los niños. Para ello, debes confiar plenamente en la profesora de tu hijo, que año tras año ha vivido este proceso y sabe cómo gestionarlo, haciendo caso a las indicaciones y pautas que te traslade, aunque pueda parecerte que la separación haya que hacerla de forma tajante y sin rodeos. Los llantos, por muy intensos que puedan llegar a ser inicialmente, poco a poco se irán atenuando hasta desaparecer por completo (proceso natural de habituación). Incluso, es muy común que el niño/-a llore en el momento de la separación y, nada más irse su madre o padre, automáticamente dejar de llorar e integrarse en clase con toda la normalidad del mundo, como si no hubiera pasado nada. Parece que llora porque toca en ese momento y, una vez acaba, ya no hay que llorar. También será normal que se ponga a llorar de nuevo cuando os vea aparecer a la hora de recogerlos, cuando no ha llorado, o apenas lo ha hecho, en todo el día (ha asociado el llanto con esa situación y ese lugar, comenzando a llorar espontáneamente sin motivo alguno).


La escuela supone una oportunidad para crecer y madurar, para afirmarse en su propia identidad e iniciar, de este modo, el conocimiento y la adaptación al mundo exterior. El niño tiene que ser capaz de asimilar los cambios que supone esta nueva actividad en su vida cotidiana. Igualmente, pueden aparecer irregularidades en el proceso con el tiempo, dándose retrocesos o sentimientos contradictorios de forma aislada, o por alguna circunstancia concreta (ej.: el nacimiento de un hermano), lo cual habrá que analizar y aplicar una solución adecuada. Como en muchas circunstancias de la vida de tu hijo siempre habrá una primera vez que te inquiete y te genere inseguridad, saliendo a relucir el instinto de protección, como la primera excursión, la primera vez que duerme en su cama, la primera vez que le quitas el pañal,…, y así hasta que sea la primera vez que se marcha a vivir fuera de casa, dentro de muchos años (cada etapa tiene lo suyo).


En definitiva, es un proceso que tiene su motivo y que, bien llevado a cabo, supone prevenir problemas mayores, una oportunidad de crecimiento y una tranquilidad para madres, padres, abuelos, maestras y, por encima de todo, el bienestar de los propios niños/-as. Habrá que procurar mantener una atención individualizada, reforzando la confianza del niño en sí mismo, de modo que progresivamente vaya adquiriendo seguridad en sus propias capacidades, así como en el entorno que le rodea.



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