15 abr. 2019

Gestionar los errores en el deporte


Hay ocasiones en el deporte en las que se cometen errores clamorosos, esos que despiertan un murmullo alrededor, la gente se lleva las manos a la cabeza, o se oyen reproches, incluso risas. Son errores que nos parecen imposibles, que no nos creemos haber sido capaces de cometer. Goles en propia puerta, penaltis inocentes, fallar a portería vacía, dar un pase al portero que es una asistencia de gol al delantero del equipo contrario, que al portero se le escape el balón de las manos y se la deje en bandeja al contrincante, hacer una falta innecesaria al borde del área, o en el centro del campo que nos cuesta una expulsión, ponerte a regatear en un sitio inadecuado y provocar un contraataque letal para tu equipo, entrar en una discusión acalorada con el árbitro, un contrario, o peor, con un compañero, fallar un penalti crucial para tu equipo,... Incluso se hacen vídeos de los mayores errores de la historia, o de un jugador en concreto, e incluso te pueden marcar de por vida (recuerden a Karius en el Liverpool).

Cuando se nos dan circunstancias de este tipo, u otras similares, se nos viene el mundo encima, acabamos de hacer el mayor de los ridículos delante de todo el mundo, el entrenador me mira con ganas de matarme, nadie se explica cómo ha podido pasar. Como producto de esto, nos quedamos pensativos, nos enfadamos con nosotros mismos, nos decimos de todo enrabietados, la frustración es tan grande que nos tiramos de los pelos, de la camiseta, gritamos, nos pegamos incluso. Pensamos que hemos decepcionado a todo el mundo, a nosotros mismos, a nuestra familia, al entrenador, al equipo, al representante, a todo el que ha apostado por nosotros. Nos dan ganas de salir corriendo y escondernos en  nuestra casa. Y, a partir de ahí, nos vamos del partido, no damos pie con bola ¡Qué se acabe el partido ya!, ¡vaya día!

Sin embargo, hay jugadores que parece que esto no va con ellos, cometen un fallo increíble y ¡míralo!, se queda tan pancho. Pero, ¿cómo reacciona así? ¡Si acaba de hace una cagada tremenda!, ¿pero es que no le importa lo que acaba de hacer? ¡Si nos estamos jugando la vida! Tiene la sangre de horchata. Vamos, fallo yo eso y no sé dónde meterme.

¿Y qué hacemos con esto?, ¿cómo lo gestiona un deportista, o un entrenador?, ¿lo siento en el banquillo, le echo la bronca del siglo, tengo que morderme la lengua porque entonces lo termino de machacar y lo necesito?, ¿el jugador debería venir con eso aprendido de casa? Muchas veces se reacciona en base a la experiencia (buena o mala), se improvisa, se hace lo que te dicta el sentido común (que no es el mismo para todos); pero rara vez se trabaja a conciencia para prevenir reacciones que empeoren el rendimiento de un jugador más aún.

Los efectos psicológicos, y por extensión en el rendimiento, que pueden tener estos errores son los siguientes:

Concentración

Un error mal gestionado puede hacerte perder la concentración muy fácilmente, quedándote estancado en el error, inmerso en tus pensamientos, centrándote en el pasado, mientras ocurren cosas a tu alrededor a las que no reaccionas como deberías. También puedes quedarte pensando en las posibles consecuencias para ti y para tu equipo en el futuro más inmediato: la derrota, que te cambien, perder el puesto, perder el partido, empeorar la clasificación del equipo,...

Emociones

Ante una metedura de pata muy grande, es muy posible que reacciones emocionalmente de forma intensa. Ira, ansiedad, vergüenza, tristeza, sorpresa,... Estas respuestas emocionales influyen en otros aspectos psicológicos y conductuales que tienen su reflejo en el rendimiento. Además de influir en tu concentración, nivel de activación, confianza o motivación, pueden llevarte a tomar decisiones equivocadas, precipitadas o lentas; hacer entradas al contrario desproporcionadas y fuera de lugar, discutir una decisión arbitral de forma airada, querer resolver tú sólo la situación que has creado, haciendo un juego individualista y carente de criterio, etc.

Confianza

Si tu nivel de confianza es una respuesta inmediata a los resultados de tus acciones, o del marcador, o de rachas a favor o en contra, es muy sencillo que ante un error de relevancia tu confianza caiga en picado y te vayas del partido psicológicamente. A partir de ahí es habitual que reacciones tarde a las jugadas, no escuches a tus compañeros o a tu entrenador, no tomes buenas decisiones, o no ejecutes un movimiento con convencimiento. Una baja confianza puede predisponerte a mayores niveles de ansiedad y entrar en una espiral en la que nada funcione.

Nivel de activación

Producto de la reacción emocional ante el error, se produce un aumento general del nivel de activación. Ese incremento conlleva una aceleración de la respiración y la frecuencia cardíaca, una mayor tensión muscular, puede que una mayor sudoración como mecanismo para regular el aumento de la temperatura corporal, etc. Estas reacciones psicofisiológicas pueden predisponerte a un mayor agotamiento, deshidratación, e incluso, a una mayor posibilidad de lesiones musculares (sobrecargas, calambres, microroturas y, por no realizar adecuadamente un movimiento desde el punto de vista técnico, una lesión mayor). Por otro lado, un aumento considerable en el nivel de activación, en el apartado cognitivo te puede llevar a una aceleración de pensamientos, a que te centres en estos, a que te satures, y no estés pendiente de lo que ocurre a tu alrededor, es decir, que te lleva a la pérdida de la concentración. A todo ello, hay que añadir posibles precipitaciones tomando decisiones inadecuadas.

Motivación

Fruto de la falta de confianza puedes hacer tambalear tu motivación. Cuando tu confianza y motivación están sustentadas por los resultados inmediatos, estas se presentan inestables, con subidas y bajadas frecuentes (más habitual en la adolescencia o cuando se está empezando a competir en el máximo nivel). Si cometes un error muy grave tu motivación se puede venir abajo, no sólo durante el partido ("¡hoy no es mi día!"), o sobre la competición (¡"hoy perdemos seguro!"), sino por tu motivación cotidiana a la hora de entrenar la siguiente semana, como tu motivación básica como deportista ("a lo mejor no soy tan bueno como me dicen").

Cohesión de equipo

Los errores de bulto ponen a prueba la unión del vestuario. Habrá que analizar cómo reaccionan los jugadores ante los errores de los compañeros. Si se lo reprochan públicamente, si le gritan de forma airada sin andarse con rodeos, o si intentan apoyarlo y no dejarlo sólo porque siguen necesitando de él en el partido y no podemos permitirnos el lujo de que se vaya del mismo. Aquí es fundamental la reacción que tengan los líderes naturales del equipo, así como el entrenador y su cuerpo técnico.

ALGUNAS ORIENTACIONES PARA AFRONTAR UN ERROR

¿Cómo podemos reaccionar adecuadamente? Algunas estrategias son las siguientes:

Los errores forman parte del juego

Parece una obviedad de Pero Grullo; pero en el fragor de un partido deja de serlo. Además, algo que es muy habitual en los deportistas más jóvenes, es que no se permiten cometer errores ni en el calentamiento. No digamos si el error es de bulto en un partido importante. Es fundamental que los deportistas sepan convivir con el error, acepten que forman parte del juego, que es imposible no cometerlos, aunque debamos esforzarnos por cometer los menos posibles. Un jugador con miedo al error es un jugador que va a estar atenazado, agarrotado, que no va a probar cosas, que no va a ser creativo (especialmente en ataque), que se va a liar ante la presión del contrario por querer hacer algo demasiado complejo al no pensar con claridad. También, aunque parezca algo evidente, hay entrenadores que castigan verbalmente los errores con broncas desproporcionadas, no dándose cuenta que están haciendo algo contra sus propios intereses.

No pensar más en el error

Si te quedas mentalmente estancado en un error durante varios minutos, o en lo que queda del partido, están pasando cosas a tu alrededor ante las que no reaccionas con la debida velocidad, llegando tarde, tomando decisiones demasiado lento, haciendo una entrada a destiempo, dando ocasión a que te roben el balón, no buscando un desmarque o una cobertura para dar soluciones al compañero, todo ello, fruto de la pérdida de concentración en las cosas importantes. Además, estarás jugando con el error presente, limitándote y jugando atemorizado a cometer otro. Tienes que olvidarte inmediatamente del error (ya tendrás tiempo de pensar en él cuando acabe el partido), céntrate en la acción siguiente, en el desmarque siguiente, en el golpeo de balón siguiente. Si estás en el pasado (en el error), no estás en el presente, y si no estás en el presente, encadenarás más errores.

Que falles no quiere decir que vayas a seguir fallando

Hay jugadores que utilizan sus primeras intervenciones, sus primeros toques de balón, como un termómetro de cómo le van a ir las cosas. Si esas primeras acciones no le salen perfectas ya van a ir todo el partido torcidos, como con falta de sensaciones, de fluidez, no sabiendo reponerse y reconducir su actuación, pudiendo hacérsele el partido muy largo. Por sus primeras intervenciones ya adivinan cómo les va a ir el resto del partido. Al final, con esa actitud, provocan que realmente les pase eso que pensaban que les iba a ocurrir. Si asumes que el error forma parte del juego y te repones rápido esto no te va a ocurrir.

Juega sencillo si lo necesitas

Cuando por culpa de un error grave, o varios encadenados de menor gravedad, nos atascamos psicológicamente, puedes intentar centrarte en las siguientes acciones y tratar de jugar fácil, al primer toque, como forma de rehacerte y meterte de nuevo en el partido. No intentes hacer una jugada "maradoniana" como forma de compensar tu error a las primeras de cambio, cayendo en el individualismo y obcecándote hasta el punto de no ver a tu compañero sólo esperando a que le pases el balón. Una vez te reincorpores psicológicamente al partido, y estés tan centrado que no pienses en el error, ya puedes intentar cosas más complicadas de nuevo.

Cuidado con lo que te dices a ti mismo

Un aspecto fundamental es el autodiálogo interno, cómo mantenemos conversaciones con nosotros mismos. Hay personas que se motivan diciéndose mensajes positivos, o de volver a empezar o centrarse en la siguiente acción, y otros que son unos auténticos dictadores consigo mismos, insultándose, golpeándose, castigándose, incluso ridiculizándose a sí mismos después de cometer un error (ver imagen de Cassano). Hay que tener muy trabajados los modos de hablarse a uno mismo, ya que pueden influir en otros aspectos psicológicos que perjudiquen al rendimiento.



Evidentemente, esto son orientaciones generales. Hay que analizar cada caso, cada jugador, cómo funciona a nivel psicológico, qué estrategias le resultan más eficaces, no valiendo las mismas recetas para todos. También es importante que el jugador este formado en este apartado del juego (no sólo en aspectos técnicos, tácticos, físicos y de alimentación). Para ello, es fundamental que el entrenador tenga conocimientos en Psicología del Deporte, y que cuente con un psicólogo especializado en su cuerpo técnico (en las bases del club si se trata de categorías de formación), evitando recurrir a figuras que dicen saber sobre psicología; pero que no cuentan ni con la titulación (igual que es obligatoria una titulación para ser entrenador, médico, fisio, preparador físico o nutricionista, lo es para trabajar en psicología), ni la formación (no valen saber cuatro cosas básicas aprendidas en un curso), ni la experiencia profesional como psicólogo en el deporte.

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