22 dic. 2018

Lectura (I): ¿Qué es leer?


En otros tiempos leer era un logro reservado a muy pocos privilegiados; pero desde la universalización de la educación y el desarrollo económico, es una habilidad generalizada. Sólo en lugares con escasos recursos leer sigue siendo una quimera. Esa generalización de la lectura, puede hacer pensar que es una tarea natural y automática. Sin embargo, su enseñanza y perfeccionamiento ocupa muchos años de escolarización y práctica, ya que no nacemos con dicha virtud.

Para algo que parece tan sencillo y natural, como es el hecho de leer, se ponen en funcionamiento un número considerable de operaciones cognitivas muy complejas, las cuales, al estudiarlas en profundidad, casi parece un milagro que podamos dominar la lectura como si la llevásemos programada en nuestros genes. Esas operaciones son las siguientes:

  1. Identificación de las letras a partir de los signos gráficos (percepción).
  2. Convertir esas letras, o grupo de letras (grafemas) en sus correspondientes sonidos (fonemas), ya sea en voz alta (poniendo en marcha procesos motores), o en lenguaje interno, en el que se inhibe el sonido. Requiere ir convirtiendo una a una de manera serial, de izquierda a derecha, los grafemas en fonemas. Este tipo de lectura es lento y costoso, y es a lo que se dedica la mayor parte del aprendizaje de la lectura en la escuela.
  3. A partir de esos fonemas se pueden identificar las palabras, tal y como sucede cuando escuchamos una palabra en el lenguaje oral. A medida que uno se va convirtiendo en lector experto, comienza a reconocer la palabra de manera global, de forma rápida y sin esfuerzo. Se pasa de percibir las palabras serialmente (sílabas una a una), a hacerlo en paralelo (la palabra al completo de una sola vez). Este tipo de lectura se consigue cuando la persona lleva tiempo leyendo y ha visto muchas veces la palabra. Así, se consigue una representación ortográfica de la palabra para poder reconocerla directamente. Las primeras representaciones corresponden a palabras cortas y frecuentes, que el aprendiz ve escritas una y otra vez. Poco a poco va aumentando el número de palabras que puede leer de forma directa, según su experiencia lectora. Cuanto más lea una palabra, formará mejor su representación y mayor fluidez conseguirá en su lectura. Todo el proceso de aprendizaje depende de la longitud de la palabra, la frecuencia de lectura, la edad de adquisición (se leen de forma más fluida las que se aprenden más tempranamente), la vecindad ortográfica (palabras que se parecen entre sí), la categoría gramatical (se leen antes lo sustantivos que los verbos), el número y complejidad de las sílabas, que se trate de un lenguaje transparente (se lee como se escribe, como el español) u opaco (se lee distinto a como se escribe, como el inglés), etc.
  4. El conocimiento del significado de las palabras que uno lee (semántica) y las variantes que tienen, es decir, plurales, singulares, tiempos verbales, prefijos, sufijos,… (morfología).
  5. La comprensión de un conjunto de palabras (frases) y de un conjunto de frases (textos).
  6. El orden o secuencia en la que están escritas las palabras en una frase (sintaxis), que pueden variar su significado o hacerlo más complejo.
  7. Los aspectos intencionales del texto, las expresiones, signos de puntuación, entonación,… (pragmática).

Existen diferentes modelos teóricos que intentan explicar el proceso lector. Todos defienden la existencia de, al menos, tres sistemas de procesamiento: el ortográfico, encargado de la identificación de las letras que componen las palabras; el fonológico, encargado de recuperar los sonidos; y el semántico, encargado de recuperar el significado de las palabras. Se diferencian en la organización de esos procesos. Mientras algunos defienden un procesamiento serial (cada proceso no empieza a operar hasta que empieza el anterior), otros defienden el procesamiento en paralelo (todos los procesos pueden trabajar simultáneamente). Destacan dos por encima del resto: el modelo dual o de doble ruta (Coltheart, 1981), y el modelo conexionista (Seidenberg y McClelland, 1989).


Modelo dual

Según este modelo de Coltheart, existen para llegar desde la palabra escrita hasta el significado y la pronunciación: la vía subléxica, o fonológica, que actúa mediante la transformación de cada uno de los grafemas que componen la palabra en su correspondiente fonema; y la vía léxica, que reconoce la palabra de forma directa. La vía léxica es más rápida; pero requiere que esa palabra esté representada en la memoria ortográfica. La vía subléxica es más lenta; pero permite la lectura de cualquier palabra, sea desconocida o no, e incluso pseudopalabras (sin significado, pero que se pueden leer).

Posteriormente, el propio Coltheart y sus colaboradores (Coltheart et al. 2001), proponen un modelo computacional, ampliando el modelo dual, con algunos procesos funcionando de manera serial y otros de manera interactiva. Cada componente contiene unidades simbólicas, tales como palabras, letras o fonemas. Estas unidades interactúan entre sí de dos maneras: excitatoria e inhibitoria. Es excitatoria cuando la activación de una unidad contribuye a la activación de otra unidad (ej.: las letras t, r, e, activan la palabra tren). Por el contrario, es inhibitoria cuando la activación de una unidad dificulta la activación de otra unidad (ej.: la activación de las letras o y m, dificultan la activación de la palabra tren). El modelo computacional, deja de ser de doble vía, pasando a tres vías:
  • Vía subléxica: genera la pronunciación de las palabras, aplicando la conversión grafema-fonema. Cada grafema tiene su correspondiente fonema, y la suma de todos ellos produce el sonido de la palabra. Esta vía opera en serie, uno tras otro, de izquierda a derecha.
  • Vía léxica no semántica: necesita varias operaciones para generar la pronunciación de una palabra. La primera es activar todas las unidades de letra que forman la palabra de manera simultánea, en paralelo. Después se produce la activación de la representación de la palabra en el léxico ortográfico y, a su vez, la correspondiente representación en el léxico fonológico, que finalmente, si la lectura es en voz alta, activa los fonemas correspondientes a la pronunciación.
  • Vía léxica semántica: Sigue la misma ruta que la no semántica hasta el léxico ortográfico, y a partir de él se activa la correspondiente representación semántica. Sólo después se activará la representación en el léxico fonológico.

El modelo computacional consigue simular los diferentes efectos a la hora de reconocer palabras:

  • Efecto frecuencia: las palabras de alta frecuencia se leen por la vía léxica, que es más rápida, mientras que las de baja frecuencia, al no tener representación léxica, se leen por la vía subléxica.
  • Efecto vecindad: lectura más rápida y precisa con muchos vecinos ortográficos. Se explica porque se activan las representaciones léxicas de todas las palabras vecinas, lo que acelera su pronunciación.
  • Lexicalidad y longitud: la longitud afecta más a las pseudopalabras que a las palabras. Las pseudopalabras largas son las más difíciles de leer. Las pseudopalabras necesariamente tienen que leerse por la vía subléxica, siguiendo la regla de conversión grafema-fonema. Cuantas más veces haya que aplicar dicha regla, debido a la longitud, más tiempo se invertirá en su lectura.

Modelo conexionista: el modelo del triángulo

Entre los modelos conexionistas el más conocido es el modelo del triángulo, de Seidenberg y McClelland (1989). Según este modelo el proceso de lectura está compuesto por tres dominios representacionales: ortografía, fonología y semántica, conectados entre sí de forma triangular, entre los cuales se encuentran unidades ocultas. No existe un léxico en el que se encuentren representadas las palabras, sino que la información de las palabras se encuentra distribuida por la red. Las palabras más frecuentes se reconocen antes porque han sido procesadas más veces, y cada vez que se procesan aumentan el peso de las conexiones.

La lectura en voz alta de las palabras se puede realizar de forma directa, por la conexión ortografía-fonología, o de manera indirecta, a través de la semántica. Las pseudopalabras, al no tener representación semántica, sólo se pueden leer a través de la conexión ortografía-fonología.

En cuanto a la lectura comprensiva, también se puede realizar de dos maneras: directamente, de la ortografía a la semántica, o indirectamente, a través de la fonología.

Ambos modelos, aunque diferentes, postulan dos vías diferentes para pasar de las palabras escritas a la pronunciación y el significado. Los modelos han sido validados tanto para idiomas opacos (como el inglés), como los transparentes (como el español). Los primeros recurrirían más a la vía léxica, mientras que los transparentes a la vía subléxica o fonológica (Cuetos y Domínguez, 2011).


Bibliografía

  • Colheart, M (1981) Disorders of Reading and their implications form model of normal reading. Visible Lenguage, XV, 3, 245-286.
  • Colheart, M.; Rastle, K.; Perry, C.; Langdon, R. y Ziegler, J. (2001). DRG: A dual route cascaded model of visual recognition and reading aloud. Psychological Review, 108, 204-256.
  • Cuetos, F. y Domínguez, A. (2011) Lectura. En F. Cuetos (Coord.) Neurociencia del Lenguaje. Bases neurológicas e implicaciones clínicas. Madrid: Panamericana. 137-151.
  • Seidenberg, M.S. y McClelland, J.L. (1989) A distributed developmental model of Word recognition and naming. Psychological Review, 96, 523-568.

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